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La formación integral del alumno/a involucra tanto el desarrollo biológico y mental como el mundo emocional y social. Para ello se necesita una escuela que promueva la convivencia en un marco de comunicación, contención, respeto y tolerancia. El contexto de cuarentena y distanciamiento social que tuvo como consecuencia la suspensión de clases presenciales ha provocado un detenimiento en la construcción de lazos afectivos y en el desarrollo de estrategias de convivencia que se producen en la vida diaria de la Escuela, compartiendo, acordando y jugando juntos. La imposibilidad de concurrir a clases ha traído aparejado diferentes situaciones que afectan severamente la construcción afectiva de los niños y niñas, al igual que de sus familias. En este marco, se han elaborado distintas estrategias para acercarse a las familias y a los alumnos/as, estableciendo puentes entre la Institución y la comunidad para contrarrestar, de alguna manera, la falta de presencialidad, de contacto humano, de la magia que se da en la Escuela. Es imperativo mantener los vínculos, apuntando a actividades lúdicas, proyectos interdisciplinarios que involucren las artes visuales, la música, etc.
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