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Nuestra escuela tiene una comunidad de clase media baja, con una población de alumnos mayoritariamente del barrio, familias diversas, de distintos niveles culturales, y con distinto acceso a la tecnología y distintos niveles de alfabetización digital. El mayor desafío fue organizarnos primero nosotros para poder garantizarle a nuestros alumnos la continuidad pedagógica en una coyuntura de incertidumbre como el ASPO y el uso de entornos virtuales para el aprendizaje.
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