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En los idiomas étnicos (alemán, griego, chino, etc.) que no derivan de largas cadenas de antecedentes, las palabras son metáforas más o menos transparentes, de modo que el concepto, la definición y el rótulo
vuelven a ser uno (otorrinolaringólogo) generando relaciones biunívocas entre el significado y el significante.
En cambio, nuestros idiomas de trabajo (inglés y castellano, por el momento) derivan de tantas otras lenguas que las palabras suelen ser metáforas "olvidadas", junto con sus etimologías, a veces divergentes
de su semántica actual, por lo cual la relación entre los conceptos y los rótulos se pasa a vivir como predominantemente convencional. Ello lleva a que dichas lenguas presenten ambigüedad (muchos
significados de un mismo significante) y sinonimia (muchos significantes para un mismo significado).
Dicha estructura abierta constituye un escollo sumamente grave para la comprensión y por ende para la traducción, ya que toda interpretación requiere inexorablemente de un contexto para despejar la ambigüedad
inherente a las palabras sueltas. Además, cada uno de los idiomas de trabajo tiene sus propias ambigüedades y sinonimias, que no son simétricas con las del otro, por lo cual las equivalencias se ramifican
hasta el infinito.
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